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Más que un simple souvenir, este imán es un pequeño tributo a la repostería conventual portuguesa. Esta pieza captura con asombrosa fidelidad la esencia del famoso «Pastel de Belém» o de Nata, congelando en el tiempo ese momento perfecto en el que sale del horno. Es el detalle definitivo para aquellos viajeros que dejaron un trozo de su corazón (y de su paladar) en las cafeterías de Lisboa. Lejos de las imitaciones plásticas burdas, esta réplica destaca por un texturizado y pintado artesanal que engaña al ojo, convirtiendo la puerta de tu nevera en un escaparate de la mejor confitería atlántica.